Sunday, March 27, 2011

Mensaje por el Día Mundial del Teatro.



Antes de hacer el elogio del teatro hay que hacer el elogio de la violencia, del dolor con que irrumpe la luz creadora en la noche estéril.
El teatro se hizo para dividir, para chocar, para hacer recordar, el teatro nunca ha sido una misa unánime donde se invita a los fieles a no pensar, a olvidar.

El objetivo del teatro es afrontar los límites, un teatro que se quede en la comodidad del centro, en la tibieza del primer grado, siempre será un teatro facilista, y se sabe que el facilismo nos lleva a sustituir los libros por los juegos de video, las playas por las piscinas, la brisa por el aire acondicionado.


Vayan estas líneas como un homenaje al Actor, un tipo raro que tiene el deber de machacar las ideas antes machacar los textos. Los políticos son comparados a veces con los actores, lo que constituye una gran ofensa… para los actores, una ofensa inverosímil. La verdadera ofensa para un actor es que sus actuaciones más mediatizadas oculten sus grandes interpretaciones. En nuestro tiempo los actores se mueren por ser estrellas, y las estrellas se mueren por ser actores. Son seres excepcionales que debemos cuidar, porque generalmente ellos mismos no saben cuidarse. En estos tiempos en que se busca desesperadamente la comedia, no se debe ignorar que el actor que intenta hacer reír a toda costa, pasa de ser cómico a ser risible, y generalmente termina asqueado por su propio artificio. Ese para quien el teatro es la alegría de la metamorfosis, morirá siendo actor, aunque sea en el anonimato de un pequeño teatro.

Vayan estas líneas como un homenaje al Director de Teatro. Hay dos tipos de directores de teatro: los que se creen Dios, y los que están seguros de serlo. Y esto es comprensible porque, si consideramos que un guión es el feto de una obra, ¿quién es el director? Director de teatro no es un oficio, sino un estado, un estado de espíritu, un estado de sitio, un estado de coma, un jefe de estado. La leyenda de Shakespeare, de Lorca, de Pirandello no morirá jamás, a pesar de que muchos directores la hayamos herido mortalmente. El director seguirá siendo ese tipo indispensable que haya pasado allí donde los actores se quedarán para siempre. Un tipo que sólo es útil cuando el actor es mejor con él que sin él. El único capaz de transformar en bueno, durante hora y media, a un actor que no lo es. Un hombre que no puede dar talento, pero si mucha seguridad, la seguridad de su estado.

Vayan estas líneas como un homenaje al Dramaturgo, esa mezcla de arte y espiritualidad, acechada por los peores defectos y los adjetivos más gloriosos. Y es que un dramaturgo posee el don de hablar a varias voces con la boca cerrada. Esta especie de ventrílocuos del alma, se encuentra en vías de extinción. Sus características son variables, lo que no arregla su condición de especie amenazada: los hay despistados, que piensan que cuando el público aplaude a los actores, los está aplaudiendo a ellos. Están los que apenas han terminado de escribir una obra, ya están pensando en opacarla, en eclipsarla con la próxima, son eternos defensores de la autolisis, apologetas del suicidio y la reencarnación instantánea. En París, todos los dramaturgos son importantes; en New York sólo los dramaturgos de éxito son importantes; en La Habana, los dramaturgos importantes son los que aprendieron a alzar su voz en los niveles establecidos, en Miami usted debe explicar lo que es un dramaturgo. El ministerio de un dramaturgo es el oficio de la verdad, que es hermana de la libertad, y sólo el tiempo decretará su crédito y su presupuesto. Los dramaturgos, más allá del tiempo y las coyunturas, continúan ejerciendo su oficio después de la muerte; para llegarle a los tobillos, los políticos deben al menos morirse ejerciendo el suyo.

Más tarde yo quisiera ser actor, director de teatro, dramaturgo, escenógrafo, vestuarista, poeta, luminotécnico, cualquier cosa menos… adulto.

El teatro es la vitrina de las palabras, de los gestos de la sociedad, y al mismo tiempo es museo de las formas viejas y enemigo de las tradiciones. Cada teatrista debe saber eso y tomar posición al respecto, más allá de su edad, de su currículo vitae y sus ambiciones.

Generalmente, los viejos teatristas defienden antiguas formas y conceptos, se la pasan hablando de lo que hicieron, y menos de lo que harán.
De costumbre, los jóvenes teatristas se la pasan buscando formas y conceptos de nuevo tipo, experimentos, borracheras efímeras cuya resaca suele conducirlos a la nada.

El colmo de esta desgracia son los jóvenes teatristas que se vanaglorian de haber encontrado una forma nueva, ignorando que han descubierto un monumento, con la candidez del que cree haber inventado algo en Arte. Todo esto les es perdonable, hasta cierta edad; a partir de cuarenta años, el mérito del teatrista es proporcional a la valía del hombre.

Aunque existen casos raros, hermosos: esos viejos teatristas que encuentran formas nuevas vertiendo luz sobre su ejército de jóvenes, de esos nos quedan unos cuantos y debemos cuidarlos como al anciano de cada tribu, una suerte de enciclopedia viviente donde se almacena lo mejor de nuestras vivencias, de nuestras acciones, de nuestra historia.

El teatro es un ring donde se pacta un combate moral. Esos que ignoran que la comedia es el género teatral más serio, que venden lo mejor de su arte por unas monedas que a la larga nunca alcanzarán, no tienen que rendirle cuentas a nadie, con su espejo sobra.

Hacer teatro exige siempre una actitud y una aptitud: hay que estar apto para el supremo arte de darse, sin la esperanza de recibir algo a cambio; en el acto de darse yace lo supremo de la esperanza de recibir en cambio.

Hacer teatro va contra las convenciones, es algo que detestan los suegros, que los padres no quieren para sus hijos, que las parejas normales aprueban desde afuera, como se visita un país de gran tradición y poco producto interno bruto.

Hacer teatro es vivir en un estado socialmente incorrecto, subjetiva, irresponsable, egoístamente hostil, con todos los defectos de un pastor de iglesia alternativa, pero sin las ventajas.

Hacer teatro es señalar la mediocridad y el facilismo con el dedo frágil de la belleza, esculpir en bolas de nieve el regalo de cumpleaños del fuego.

Hacer teatro es hacer el amor en medio de la desolación de un campo de batalla, es proyectarse más allá de uno mismo para invadir el corazón ajeno y calmarle la sed, la angustia y la desidia.

Hacer teatro es dar la vida.


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MUCHAS GRACIAS.
Yoshvani Medina.

6 comments:

  1. Ayer en el desalmuerzo literario se me dio la oportunidad de escuchar en tus palabras estA semblaza bellisima, si leerla y poder asimilarla con detenimiento y encontar en ella los matices e intenciones con las cuales un verdadero teatrista puede escribir, me,llena de mucho orgullo el poder contar entre mis amigos a quien con el vervo, la vara y el callado, dirige ferreamente su mas linda frace final,HACER TEATRO ES DAR LA VIDA.

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  2. Parafresando la conocida digo: "Poner la iglesia en manos de Dios". Eso fue lo que hicieron cuando te eligieron para redactar el mensaje por el dia del teatro.

    Saludos,

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  3. Hola Yoshvani, hermosa e instructiva reflexión, que me lleva a pensar en el poeta, en el pintor y en todos los que profesamos pasión por el arte. Compartimos muchos de los escenarios y los contrastes que planteas.
    Es como si levantáramos la bandera y a falta de tierra, nos la plantáramos en el corazón y aun con el dolor y la sangre corriéndonos por los costados, nos propusiéramos a andar… "hacer camino” como dicen… y disfrutar a la vez, de ese amor dedicado a la expresión.
    Yoshvani, te felicito por el magnífico trabajo que adelantas y espero que hagamos muchos proyectos juntos.
    Pilar Velez
    Asociación Internacional de Poetas y Escritores Hispanos (AIPEH Miami)

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  4. Muchos haremos, Pilar, muchisimos!!!
    Gracias, Orlando y Valentin, que seria de mi sin ustedes?
    Un besazo,
    Yoshvani.

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  5. Qué decir ante tanta poesía. Qué agregar ante definiciones en donde no solo hallo precisión, sino entrega y reconocimiento de valores. Qué suerte tenemos de tenerte. Y qué maravilla que al hacer teatro no es que hagamos el amor, sino que el amor nos hace a nosotros. Un beso universal, Jo

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  6. ¡SIN PALABRAS!

    Sólo se puede decir "gracias" ante la inmensa fortuna de poder compartir "pedacitos de vida" y... ¡"de vidas"! (si incluimos las que se comparten sobre el escenario) con un ser bendecido, no sólo con talento y conocimiento, sino con la sabiduría inherente a la bondad.

    Gracias Yoshvani por cada una de tus palabras (sobre el papel o en el aire). Gracias por cada segundo de interacción, de lección, de aprendizaje. Gracias por tanta generosidad digna, únicamente, de "los dioses"...

    Con todo mi amor,
    Yrelkah Brown

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